BEBÉ RENO: Todxs somos gente rota

Para las personas que amamos la perturbación y el drama, “Bebé Reno” es una serie ideal. Para las que además de amar la perturbación y el drama estamos atravesando momentos de ansiedad, quizás no tanto. Pero esa es otra historia. La cuestión es que de pronto apareció en el catálogo de Netflix esta miniserie británica y muy rápidamente se convirtió en la serie del momento.

Lo primero que hay que saber de “Bebé Reno” es que está basada en una historia real que le pasó a Richard Gadd, creador y protagonista de la serie. A esto hay que sumarle que antes de ser serie fue un unipersonal teatral, cosa que nos recuerda a “Fleabag“. Y si bien son historias completamente diferentes, es innegable que cuando aparecen ficciones cuyos protagonistas son además sus creadores solemos encontrarnos con una autenticidad difícil de superar. Si seguimos con las asociaciones, no puedo evitar pensar en “I May Destroy You”, excelente miniserie de HBO creada y protagonizada por Michaela Coel, quien después de sufrir un abuso sexual realiza una extensa búsqueda interna completamente alejada de todo cliché. 

Richard Gladd y Jessica Gunning en una de las primeras escenas de Bebé Reno.

Pero volviendo a “Bebé Reno”, todo empieza cuando un día Donny, un comediante frustrado que trabaja en la barra de un bar, tiene un gesto de amabilidad hacia Martha (la gran Jessica Gunning), una clienta que parece un poco inestable y perdida. A partir de este momento, Martha se obsesiona con Donny. Entra muy rápidamente en confianza, visita con muchísima frecuencia su lugar de trabajo y le manda un sinfín de emails y mensajes de texto por día. Esta situación de acoso es la premisa inicial y el motivo por el cual seguramente le dimos play, pero es solamente la punta que asoma del iceberg. Lo realmente fascinante de la serie, y lo que nos mantiene pendientes a lo largo de sus siete episodios, es cómo se nos revela la información de a poco, como si se abrieran las capas de una cebolla. 

La voz en off de Donny, constante y catártica, nos invita a conocer el laberinto de su mente y sus emociones. Y si digo laberinto es porque por momentos (sobre todo durante los primeros capítulos) vamos a estar un poco perdidos. En principio aparecen inquietudes relacionadas al tono de la serie. ¿Se supone que acá me tengo que reír?, ¿Esto es una comedia negra o es un dramón? Spoiler alert: es un dramón. También nos encontramos con una incomodidad que gira en torno al personaje principal y la inevitable pregunta recurrente: ¿por qué este tipo actúa de esta manera?. Donny es un personaje que nos exaspera, nos enojamos con él porque lo encontramos incoherente, inexplicable. Pero igual no podemos dejar de mirar, miramos esperando entenderlo.

A medida que nos adentramos en su mundo interno varias cosas formales de la serie van cobrando sentido. Claro que va a haber comedia, claro que va a haber oscuridad, claro que va a haber drama, porque Donny en sí mismo es comedia, oscuridad y drama. La cosa se va desentrañando, pero no con conclusiones explícitas que nos tranquilizan, sino con la poca claridad que amerita la compleja psicología del protagonista.

Richard Gladd en el papel de Donny, en Bebé Reno.

En esta historia en particular vemos los extremos a los que puede llegar la autodestrucción cuando pesa demasiado la aprobación y el reconocimiento de un otro. Pero lo más tremendo, creo yo, es que es una serie que nos invita a identificarnos aún no habiendo pasado por una situación así. O sea, no nos hagamos los sanos que todos estamos más o menos rotos.

Para quien todavía no la vió, una advertencia: es una serie para agarrar con cuidado, sabiendo que puede remover angustias y dejarte destruido. Y si ya la viste y estás manija de más miniseries, acá te dejo cinco miniseries para maratonear en MAX.

Ahora sí, a darle play perturbaditxs 😛  

Enviado desde mi Motorola.

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