“THE BEAST”: la robotización inevitable del ser
En un futuro completamente dominado por la inteligencia artificial, las emociones humanas son un problema. Para que las personas sean funcionales y productivas, la ansiedad y los sentimientos deben ser aplacados. ¿Cómo se logra esto? Fácil: con una limpieza de ADN. Este es el contexto que plantea “The Beast“, la nueva película de Bertrand Bonello.
La película entreteje una trama de drama, romance y suspenso, con climas que provocan más de un escalofrío. Podría pecar de pretenciosa al plantear cierta complejidad argumental, pero afortunadamente cumple con sus ambiciones. O sea, al principio puede resultar un flash medio enroscado, pero una vez que entramos, no queremos salir.
Gabrielle (Lea Seydoux) sumerge su cuerpo en una piscina tecnológica, un dispositivo que recuerda un poco a las últimas películas de David Cronenberg y más aún a las de su hijo, Brandon. Al entrar en contacto con estos fluidos comienza una limpieza de ADN, necesaria en esos tiempos para desenvolverse profesionalmente. Y, aparentemente, más que necesaria para ella, una mujer con una fuerte carga emocional.
Dicha limpieza consiste en un recorrido por sus vidas pasadas, situadas específicamente en la actualidad y a principios del siglo XX. Pasado, presente y futuro se entremezclan a medida que Gabrielle intenta encontrar respuestas para borrar la melancolía que la aqueja.

En gran parte “The Beast” es una película sobre los vínculos karmáticos, ya que pronto vemos que el sufrimiento de esta mujer está fuertemente ligado a los múltiples desencuentros y tensiones con un hombre. Pero también es una película sobre la alienación social, planteando un contrapunto entre espiritualidad y artificialidad, siendo esta última la verdadera “bestia” imposible de frenar.
¿Cómo vamos a conectar con otro si estamos cada vez más aislados? Parece un interrogante trillado y barato. Pero la temática está tan bien articulada a lo largo de la película que para cuando termine nos vamos a ver hundidos en una angustia muy profunda, y los días siguientes la vamos a seguir pensando.
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